Mango y agua
Por José Dionisio Solórzano Desde Alta Mar (Puerto La Cruz) -. Abrió aquella nevera, estaba algo corroída por el tiempo y por los vientos cargados del salitre que traía del mar, en su interior solo se podía ver unos mangos y una jarra de agua a medio congelar. Estaba llegando de una ardua tarea en una construcción donde tienen que ganarse la vida a pesar de sus prácticamente 60 años de edad. Sus hijos, algunos ya mayores de edad con sus propias familias y sus propios problemas no pueden socorrerlo ante la necesidad que los agobia, y los más pequeños aún están en medio de los ensueños que da la inocencia de los primeros días. Con un hambre nacida de las labores del día, por los esfuerzos físicos y por la inversión de fuerzas derrochadas no solo en su trabajo sino en la travesía para volver a su hogar, abrió su refrigerador y no encontró nada. Y en eso, antes de tomar los frutos de la tierra y la jarra de agua, se fue la luz. A oscuras el hombre no sabía qué hacer...