Una de tantas… historias
Opinión -. Se levantó aquel día, todo parecía normal, en medio del caos institucionalizado en el país, estrujándose los ojos como signo inequívoco que necesitaba despertarse completamente, caminó entre tropiezos y a ciegas hasta el cuarto de baño. Trató de exprimir la ya seca pasta de dientes, mientras el grifo solo expedía de sus entrañas aire acumulado en la tubería. Entre un pellizco de dentífrico y el agua de una ponchera al lado del lavabo, aquel venezolano terminó de asearse. Se puso sus pantalones, abotonó raudo su camisa y calzándose los zapatos de a brincos salió rumbo a la selva de necesidades en el cual se ha transformado su ciudad. Primero, esperó horas y horas para que un autobús, buseta o carrito por puesto llegase hasta la parada. A pesar de haber salido de su casa antes que el sol despertase, ya el día iba calentando y aún le quedaban muchas personas por delante en la fila. Y súbito, aparecieron dos camiones 350 con barandas, como lo que se utiliza...