Entradas

Les recuerdo algo…

Opinión -.   Los venezolanos nunca hemos tenido cultura de emigrantes, han sido las circunstancias y el desastre de 20 años de desgobierno socialista que nos ha empujado a salir de nuestra nación y probar suerte en otras latitudes. Y, frente a los sucesos acaecidos en la zona de Ibarra en Ecuador, tengo el deber moral e histórico de recordarles a los ecuatorianos varias cosas. 1-. Cuando Venezuela era la economía más pujante de América Latina, por allá por las décadas del 50, 60 y 70, e incluso en los 80, nosotros recibimos oleadas de colombianos, peruanos, argentinos, chilenos, españoles, portugueses, alemanes, asiáticos, y, lean muy bien, de ecuatorianos. A tal punto, que uno de los mercados más emblemáticos de ropa de Caracas, el Mercado de La Hoyada, desde ese tiempo ha estado cundido de ecuatorianos, que siguen allí vendiendo sus productos, sin que nadie los moleste o los agrede. 2-. Les recuerdo, señores del Ecuador, que son una nación   libre no por su...

Poder detrás del trono

Opinión -.   Cuando hablamos de política, siempre nos enfocamos en los grandes actores de los hechos públicos. Reyes, Presidentes, grandes oradores, dictadores, todos nos llegan a nuestra memoria como un río, no obstante la lista no se debe limitar a aquellos que ocuparon el poder directamente, sino que se debe extender a todos los que han gobernado detrás de los tronos. En la historia tenemos infinidades de casos de “hombres fuertes” que han sostenido el poder de aquellos que nominalmente se hacen llamar gobernantes. Hoy quisiera hablares de los cuatro tipo de poderes detrás del Poder. Sí, al lado de los grandes gobernantes siempre han surgido asesores que gobiernan tanto o más que aquellos que sostienen el Gobierno propiamente dicho. Empecemos ya; 1-. Asesor Religioso: Lo místico y sobrenatural es un tema que ha estado atado al Poder. En reiteradas ocasiones hemos observado a asesores religiosos, místicos y espirituales al lado de poderosos gobernantes. Por ...

Aquellas Historias (IX)

– Es un francés -   dijo como si aquella nacionalidad fuese sinónimo de lepra. – No podemos permitir que siga haciendo de las suyas por las calles de la ciudad – siguió atacando Don Sebastián Ponte y Carrillo. Estaba sentado en su vieja silla de cuerdo de venado, tejido con finos hilos dorados, estaba excitado, su respiración era forzosa y en ocasiones parecía que perdía el aliento por completo. El jefe de la Guardia del Rey, detestaba al francés tanto como odiaba quitarse sus botas. Estiró sus piernas al sentirse liberado de la prisión de aquel calzado negro, lleno de polvo, barro y excremento de perro. Soltó su suspiro de alivio, alzó su mirada al techo de su casa, y no tardó en continuar sus críticas en contra de su enemigo. - Si en este lugar hubiese ley, ese tipejo estaría en un calabozo – Volteó el rostro hacia un negro de nariz amplia, ojos del mismo ébano de su piel, labios finos como de blanco y paso silencioso. Traía consigo una ponchera de peltre rebosan...

Aquellas Historias (VIII)

Opinión -.   La impaciencia dominaba a José Antonio, había pasado una semana desde que llevó la carta al Puerto de La Guaira, y hasta la fecha nadie más de la Orden lo había contactado. «Sería, tal vez, que fue víctima de un engaño» la idea le martillaba la cabeza, daba vueltas días tras día. Todas las tardes regresaba al nido de borrachos donde fue contactado y nadie aparecía. ¿Todo había sido un sueño? Era imposible. Se había topado en un par de ocasiones a Don Antoine y a su fiel acompañante, pero éstos lo ignoraron a pesar de él acercarse. Se levantó del taburete donde absorbía de una cuchara de madera un caldo de pollo que la India María, su madre, le había servido. Le pidió la bendición a su madre, quien apenas le dio tiempo de responder y de hacer la señal de la cruz. Salió de su casa, no aguantaba más estar allí. Caminó por el empedrado, saludó cortésmente a los transeúntes, y marcialmente a los comandantes que paseaban con sus señoras esposas del brazo. ...

Aquellas Historias (VII)

– Qué tanto dinero por ese esclavo - decía exaltado Don Efraín Dos Passos, su rostro se coloraba, y sus manos temblaba, a pesar de ser un hombre de muchísimo dinero, nunca fue persona de malgastarlo o de regalarlo a cualquier. - Son unos trúhanes, trúhanes, trúhanes - repetía con todas sus fuerzas, las venas de la sien se marcaban más y más. Volteó con   ira cuando sintió una mano en su hombro derecho. Estuvo aun paso de asestarle un golpetazo a aquel que lo sujetaba con amabilidad y afán de aprecio. Pero, justo antes de levantar su mano ya apretada, reconoció aquella persona. Don Antoine Feraud estaba allí sonriente, complaciente. Su cara de felicidad no tenía igual, era una mezcla de la alegría de ver a su amigo y de poder calmarlo. - Su merced jamás cambia, puedes comprar miles de esclavos cien veces más caros- dijo sin dejar de esbozar aquella amplia sonrisa. Más atrás Kyle Brennan no apartaba su mirada de la escena. Y en contraste del rostro de su fiel ac...

Aquellas Historias (VI)

Opinión -. Estaba acostada en su grande y acolchonada cama, siempre rodeada de almohadas rellenas de plumas de garza. Su mirada colocado justo en un punto fijo en el techo de madera fina. María Auxiliadora, no podía quitarse de la mente aquella reunión social. Mientras su madre se mostraba feliz, conversando con aquellas personas que juzgaba de su condición. Como en una especie de regreso triunfal a la alta sociedad, y sus hermanas jugaban con otros niños de su edad, a ella un sortilegio de impresiones y significados la hundieron en un mar de dudas. No se olvidaba como los caballeros, además de sus finas ropas, civiles o militares, todos tenían en alguna parte de su cuerpo aquel símbolo. El círculo dorado que envolvía a una cruz morada y a una calavera de plata, le seguía intrigando. Pero, en lo más profundo de su corazón no podía preguntarle a nadie lo que significaba. Temía lucir como una intrusa y ser expulsada del lugar, o pasar por una tonta. Su curiosidad se ele...

Aquellas Historias (V)

La butaca era grande. Su espaldar sobrepasaba su cabeza por casi 20 centímetros, y estaba coronada por dos puntas de lanzas de hierro. Su respaldar estaba acolchonado con una tela muy suave de plumas de garzas, al igual que el asiento. Sus manos reposaban en dos brazos que se conectaban a través de una especie de garra felina con las dos patas delanteras de la silla. Lentamente, Don Efraín Dos Passos libaba con calma aquel vino añejado, dulce y tibio que le daba paz. Recordaba sus días en Portugal, sus negocios, su vida. Allá en esa “Tierra Firme” a donde fue a parar no le agradaba nada. Ni la gente, ni el comercio, ni las leyes. ¿Qué hacía allí? Era la pregunta habitual que palpitaba en su mente como si fuera el propio corazón que dominara su capacidad intelectual. Los dedos de su diestra jugaban con el filo abultado y redondo de la copa, mientras la zurda sostenía con vigor aquel envase hecho de plata y que relucía con los rayos del sol que se colaban por una ventana mal cerrada...